Del reino al postexilio según la Biblia
La historia bíblica que comenzó en Génesis y avanzó hasta el período de los jueces continúa con un cambio importante en la vida de Israel: el establecimiento de la monarquía. Desde Samuel hasta Esdras y Nehemías transcurren aproximadamente otros seis siglos de historia, desde alrededor del 1050 hasta el 400 a.C.
Durante este período vemos el establecimiento del reino, su división, la caída de Israel y Judá, el exilio y finalmente el regreso de una parte del pueblo a Jerusalén. Al mismo tiempo, Dios levantó profetas que llamaron al pueblo al arrepentimiento y anunciaron sus juicios y promesas.
Esta es una mirada macro a ese período, incluyendo también libros que corren en paralelo a la narración histórica principal.
1 Samuel (1050–971 a.C.)
Samuel marca la transición desde el período de los jueces hacia la monarquía. Samuel sirve como profeta y juez, Saúl es establecido como primer rey de Israel y posteriormente David es escogido por Dios para ocupar el trono.
El libro muestra que Israel necesitaba mucho más que un rey humano: necesitaba un rey conforme al propósito de Dios.
2 Samuel
Continúa la historia con el reinado de David. Jerusalén se convierte en la capital del reino y Dios establece su pacto con David, prometiendo que su descendencia ocuparía el trono.
“Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.”
2 Samuel 7:16
Aunque David fue un rey conforme al corazón de Dios, su propio pecado y los conflictos de su casa muestran que todavía debía venir un Rey mayor y perfecto.
1 y 2 Reyes (971–586 a.C.)
Los libros de Reyes comienzan con Salomón y la construcción del templo. Después de su muerte, el reino se divide alrededor del 931 a.C.:
- Israel, el reino del norte.
- Judá, el reino del sur.
La historia posterior muestra el progresivo alejamiento del pueblo de Dios. A pesar de las advertencias de los profetas, Israel persiste en la idolatría hasta que Samaria cae ante Asiria en el 722 a.C.
Judá permanece por más tiempo, pero finalmente Jerusalén cae ante Babilonia en el 586 a.C. El templo es destruido y el pueblo es llevado al exilio.
1 y 2 Crónicas
Crónicas recorre buena parte de la misma historia desde una perspectiva especialmente relacionada con Judá, la casa de David, el templo y la adoración.
Después del exilio, estos libros recuerdan al pueblo que, a pesar de sus pecados y del juicio recibido, Dios no había abandonado sus propósitos ni sus promesas.
Salmos
Los Salmos fueron escritos durante diferentes períodos de la historia de Israel. Muchos están relacionados con David y con el período de la monarquía, aunque otros pertenecen a épocas posteriores.
En ellos encontramos adoración, oración, arrepentimiento, sufrimiento y esperanza. También encontramos la expectativa del Rey y Mesías prometido.
Los profetas
Durante los siglos de los reinos de Israel y Judá, Dios levantó profetas para hablar a su pueblo.
Amós y Oseas ministraron principalmente en relación con el reino del norte. Isaías, Miqueas, Nahúm, Sofonías, Habacuc y Jeremías estuvieron relacionados con diferentes momentos de la historia de Judá y las naciones.
Los profetas no aparecen separados de la historia narrada en Reyes y Crónicas. Sus ministerios ocurren dentro de esa misma historia. Mientras los libros históricos nos muestran lo que estaba sucediendo, los profetas nos permiten escuchar la Palabra que Dios dirigía a su pueblo en medio de esos acontecimientos.
Daniel (605–538 a.C.)
Daniel comienza en el contexto de las deportaciones babilónicas y desarrolla gran parte de su ministerio durante el exilio.
El libro muestra la soberanía absoluta de Dios sobre reyes, imperios y acontecimientos históricos. Aunque Jerusalén había caído, el Dios de Israel seguía gobernando sobre las naciones y llevando adelante sus propósitos.
“Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes.”
Daniel 2:20–21
Ezequiel
Ezequiel también ministra entre los exiliados. Expone la gravedad del pecado de Israel, anuncia el juicio de Dios y proclama esperanza de restauración.
En medio del exilio, Dios promete limpiar, renovar y restaurar a su pueblo.
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Ezequiel 36:26
Esdras y Nehemías (538–430 a.C. aproximadamente)
Con la caída de Babilonia y el ascenso del Imperio persa comienza una nueva etapa. En el 538 a.C., el decreto de Ciro permite el regreso de los judíos y la reconstrucción del templo.
Esdras enfatiza la restauración de la adoración y la enseñanza de la Ley de Dios. Nehemías relata especialmente la reconstrucción de los muros de Jerusalén y la reorganización del pueblo.
Israel había regresado a su tierra, pero las grandes promesas de Dios todavía esperaban un cumplimiento mayor.
Ester
Ester ocurre durante el período persa y muestra la vida de los judíos que permanecieron fuera de Jerusalén después del exilio.
Aunque el nombre de Dios no aparece explícitamente en el libro, su providencia gobierna toda la narración. Dios preserva a su pueblo frente a una amenaza que buscaba destruirlo.
Hageo, Zacarías y Malaquías
Estos profetas pertenecen al período posterior al exilio.
Hageo y Zacarías ministran en el contexto de la reconstrucción del templo y llaman al pueblo a poner nuevamente a Dios en el centro de su vida.
Malaquías aparece hacia el final del período del Antiguo Testamento, confrontando la frialdad espiritual del pueblo y anunciando que Dios todavía actuaría en cumplimiento de sus promesas.
Una historia que todavía esperaba su cumplimiento
Así tenemos una gran línea histórica:
Jueces > Monarquía > Reino dividido > Caída de Israel > Caída de Jerusalén > Exilio > Retorno > Postexilio.
Desde aproximadamente el 1050 hasta el 400 a.C., Israel conoció reyes, divisiones, reformas, apostasías, juicios, destrucción y restauración.
Pero el regreso de Babilonia no resolvió el problema fundamental del pueblo. El pecado permanecía, el reino de David no había sido restaurado en toda su gloria y las promesas anunciadas por los profetas todavía apuntaban hacia adelante.
La historia del Antiguo Testamento, por tanto, no termina simplemente con un pueblo nuevamente establecido en Jerusalén. Termina esperando.
Esperando al Rey prometido.
Esperando la redención definitiva.
Esperando el cumplimiento de las promesas de Dios.
Esperando a Cristo.
“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”
Malaquías 3:1
Para un estudio completo de estos períodos, puedes ir a la serie:




