MOISÉS Y LA RESTAURACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS (Éxodo 32:1) | Pastor Carlos Goya
Israel había sido redimido de Egipto por el poder de Dios, atravesando el mar Rojo, recibiendo provisión en el desierto y entrando formalmente en pacto con Jehová en el Sinaí, donde respondieron: “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (Éxodo 24:3). Sin embargo, poco después, mientras Moisés estaba en el monte, el pueblo cayó en una grave idolatría. El becerro de oro no fue simplemente paganismo extranjero, sino un intento de sustituir la presencia y revelación de Dios por una representación visible y manejable; de hecho, Aarón mismo declaró: “Mañana será fiesta para Jehová” (Éxodo 32:5). La gravedad de su pecado radicaba en que pretendían continuar siendo religiosos mientras sustituían al Dios verdadero por una forma de adoración que Él no había ordenado.

