EL DIOS QUE NO DUERME (Salmo 121:1-2) | Pastor Carlos Goya


Todo ser humano busca seguridad. Unos la buscan en su dinero, otros en su salud, otros en relaciones, otros en su propia fuerza de voluntad. Pero, ¿qué pasa cuando todo eso falla? ¿A quién acudes cuando los montes de tu vida —tus propios recursos, tus propias soluciones— ya no pueden ayudarte? El Salmo 121 es un «cántico gradual», entonado por los peregrinos que subían a Jerusalén, muchas veces por caminos peligrosos, expuestos al sol abrasador, a las fieras, a los ladrones. En medio de esa incertidumbre, el salmista hace una pregunta que todo hombre, creyente o no, debería hacerse: ¿de dónde vendrá mi socorro? Vamos a ver hoy que esta pregunta tiene una sola respuesta verdadera, y que reconocerla —o rechazarla— determina tu destino eterno.

Video del sermón