LA PUREZA DEL CORAZÓN QUE DIOS DESEA (Mateo 5:27-28) | Pastor Carlos Goya


Los escribas y fariseos habían reducido el mandamiento que dice «no cometerás adulterio» a la abstención del acto físico, de modo que un hombre podía alimentar su imaginación con lujuria durante toda la semana y presentarse el día de reposo como un guardador irreprochable de la ley, siempre que su cuerpo no hubiera tocado a otra persona; pero Jesús desenmascara esa religiosidad de superficie al declarar que el que mira para codiciar ya cometió adulterio en el corazón, porque para Dios el pecado no comienza en la mano sino que comienza en el deseo que la mano después ejecuta. Esta enseñanza nos confronta a todos, creyentes e incrédulos, porque ninguno está exento del poder de la lujuria; pero mientras el mundo trata este tema como un asunto privado sin consecuencias morales, y mientras muchos que se llaman cristianos han hecho una tregua secreta con sus pensamientos impuros, Cristo nos dice esta mañana que la verdadera justicia del Reino exige una pureza que llega hasta el ojo y hasta la mano, hasta los lugares donde nadie te observa excepto Dios.

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