LA INMUTABLE SEGURIDAD DE LA PROMESA DE DIOS (Hebreos 6:17-18) | Pastor Carlos Goya


Cuando dos personas hacen un acuerdo importante suelen firmar documentos, presentar garantías o buscar testigos que respalden su palabra. Dios no necesita hacer ninguna de esas cosas. Su sola palabra es absolutamente verdadera. Sin embargo, cuando hizo la promesa a Abraham, Dios añadió algo extraordinario: juró por sí mismo. La pregunta es inevitable: ¿Por qué Dios haría algo que no estaba obligado a hacer? ¿Acaso su palabra era insuficiente? ¿Necesitaba reforzar la credibilidad de su promesa? La respuesta es no. El juramento no fue dado porque Dios necesitara fortalecer su palabra, sino porque quiso fortalecer la fe de sus hijos. En este pasaje descubrimos que Dios no solamente hizo una promesa, sino que también la confirmó con juramento para que los herederos de esa promesa tuvieran un fundamento inquebrantable para perseverar hasta el fin.

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