CRISTO ES EL SACRIFICIO OFRECIDO UNA SOLA VEZ (Hebreos 9:28) | Pastor Carlos Goya
Una de las grandes preguntas que atraviesa toda la Escritura es: ¿Cómo puede un Dios santo perdonar a hombres pecadores? Dios no puede simplemente ignorar el pecado, porque el pecado es una transgresión real de su ley, produce culpa delante de Él y merece juicio. Por eso, desde los primeros libros de la Biblia encontramos sangre, sacrificios, sacerdotes y altares. Una y otra vez se ofrecían animales, se derramaba sangre y el sacerdote tenía que presentar sacrificios.
Pero precisamente aquella repetición mostraba que ninguno de esos sacrificios podía resolver definitivamente el problema del pecado. Todos señalaban hacia algo mejor: hacia un sacrificio que no tendría que repetirse, hacia una sangre que realmente obtendría redención y hacia un sacerdote que ofrecería no la vida de otro, sino su propia vida. Cristo no vino simplemente a enseñarnos cómo acercarnos a Dios; vino para hacer posible nuestro acercamiento a Dios mediante su propia muerte. Y lo hizo una sola vez.











