EL CORDERO QUE NO ABRIÓ SU BOCA (Isaías 53:7) | Pastor Carlos Goya


Todo ser humano, cuando es tratado injustamente, protesta. Es instintivo: exigimos que se reconozca nuestra inocencia, buscamos testigos, alzamos la voz. Pero el texto que tenemos delante presenta lo contrario a toda lógica humana: un hombre perfectamente inocente, sometido a un proceso judicial fraudulento, que no abre la boca para defenderse. Isaías, siglos antes de la cruz, describió con precisión quirúrgica lo que los cuatro evangelios narrarían después como historia: un cordero llevado al matadero, un juicio sin justicia, y una sepultura que desmentía toda apariencia de culpabilidad. Este es un hecho histórico con un propósito eterno: por qué fue afligido, por qué fue condenado sin causa, y porque guardó silencio precisamente cuando tú merecías estar en su lugar.

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